El Tesoro absorbió pesos por demás y disparó las tasas.
La película completa hizo acordar al mercado la mala praxis del equipo económico en el desarme de las Lefis, que alimento la corrida del año pasado. Esta vez no fue tan grave, pero dejó a la vista la falta de coordinación de algunas medidas del equipo de Toto Caputo.
Finalmente se supo que pasó con los 4 billones de pesos que el Tesoro retiró del mercado pero no depositó en el Banco Central. Esos pesos terminaron en el Banco Nación y de allí volvieron al sistema financiero a través del mercado de cauciones. Una suerte de puerta giratoria monetaria: el Gobierno sacó liquidez por una ventanilla y tuvo que devolverla por otra cuando las tasas acusaron el golpe. El detalle es que pagó caro por pesos que después prestó baratos a los bancos.
El origen de esos pesos está en la última licitación del Tesoro. Economía enfrentaba vencimientos por alrededor de $8 billones y consiguió cerca de $12 billones, un rollover próximo al 140%. Es decir, no se limitó a refinanciar la deuda que vencía. Capturó unos $4 billones adicionales del mercado. Esa diferencia es la que después encendió la discusión sobre dónde había quedado la plata.
La operación tuvo un efecto inmediato. Al retirar más pesos de los necesarios para cubrir los vencimientos, el Tesoro secó parte de la liquidez del sistema financiero. Las tasas de muy corto plazo reaccionaron y volvieron a tensionarse. Era justamente uno de los riesgos que Santiago Bausili había reconocido en su última conferencia de prensa: una licitación demasiado grande puede generar un problema de coordinación y dejar a los bancos con menos pesos de los que necesitan para funcionar normalmente. En esa misma conferencia, Bausili dijo que no sabía donde estaban los pesos que faltaban y encendió la polémica.
La solución tuvo una curiosidad adicional. En vez de devolver directamente esos $4 billones al circuito desde el Banco Central, el Tesoro los dejó en el Nación. El banco estatal salió a prestarlos mediante cauciones. El dinero que horas antes había sido absorbido por Economía regresó a los bancos que necesitaban liquidez.
El resultado tuvo algo de Don Pirulero financiero. El Tesoro pagó caro para llevarse los pesos de los bancos y, después de comprobar que dejó al sistema demasiado seco, utilizó al Nación para devolverles esos mismos pesos a una tasa de corto plazo más barata. Pagó caro y ofreció barato.
Por eso la discusión sobre los $4 billones no era meramente contable. Saber dónde estaban permitía entender qué había ocurrido con las tasas. Los pesos no desaparecieron. Tampoco quedaron quietos. Fueron utilizados para administrar la liquidez que la propia licitación había retirado del mercado. El Gobierno apretó la canilla con una mano y tuvo que abrirla con la otra.