Escribe: Ismael Feliciani
La posibilidad de una fórmula presidencial integrada por Patricia Bullrich y Victoria Villarruel no forma parte, por ahora, de ningún acuerdo conocido. Sin embargo, la evolución del escenario oficialista y la incertidumbre sobre el armado electoral de 2027 mantienen abierta una hipótesis que, hasta hace poco, parecía difícil de imaginar.
La política argentina tiene una particularidad: las alianzas que parecen imposibles pueden convertirse en alternativas cuando cambian los incentivos. Y el vínculo entre Patricia Bullrich y Victoria Villarruel ofrece uno de esos escenarios.
La primera cuestión a tener en cuenta es que Javier Milei todavía no cerró públicamente quién será su compañero de fórmula en 2027. En agosto, el Presidente afirmó que tenía varias alternativas y que la definición podía quedar sujeta a la evolución de la política y a eventuales acuerdos.
Ese dato es relevante porque Bullrich aparece mencionada entre las dirigentes con posibilidades de integrar una eventual fórmula oficialista. Según distintas versiones periodísticas, la exministra busca conservar un papel relevante en el armado político del Gobierno y encontró en el Senado un espacio desde el cual mantiene vínculos con gobernadores y dirigentes de otros sectores.
Pero hay otra variable: qué ocurrirá con Villarruel.
La vicepresidenta mantiene desde hace tiempo un enfrentamiento político con Milei. La ruptura entre ambos se profundizó durante el mandato y Villarruel comenzó a desarrollar una agenda propia, con vínculos y posicionamientos que la diferenciaron del núcleo más cercano al Presidente.
En ese contexto, algunos dirigentes ya comenzaron a imaginar a Villarruel fuera del esquema electoral de La Libertad Avanza. Miguel Ángel Pichetto, por ejemplo, sostuvo públicamente que la vicepresidenta podría intentar construir una candidatura presidencial propia y captar a sectores nacionalistas y conservadores que anteriormente acompañaron a Milei.
¿Dónde aparece Bullrich?
La hipótesis Bullrich–Villarruel adquiere sentido si se piensa en una eventual reconstrucción del espacio de derecha alrededor de dos electorados que, aunque tienen puntos de contacto, no son exactamente iguales.
Bullrich conserva vínculos con el electorado que acompañó al PRO y a Juntos por el Cambio. Además, su incorporación al oficialismo le permitió ocupar un lugar central dentro del Congreso y del armado político libertario.
Villarruel, en cambio, construyó un perfil propio dentro del universo de la derecha argentina. Su discurso incorpora componentes nacionalistas y conservadores que no necesariamente coinciden con todas las posiciones del mileísmo.
De hecho, una encuesta de DC Consultores publicada por Clarín en junio de 2026 incluyó a ambas dirigentes en distintos escenarios presidenciales. El estudio preguntó por posibles fórmulas para distintos espacios y mostró que Bullrich y Villarruel ya son consideradas por sectores de la opinión pública como figuras con proyección nacional.
Esto no significa que exista una alianza entre ellas. Tampoco permite anticipar que esa fórmula vaya a competir en 2027. Pero sí muestra que ambas forman parte de las conversaciones sobre el futuro electoral de la derecha argentina.
El principal obstáculo: la relación personal y política
La dificultad más evidente para una fórmula Bullrich–Villarruel es que ambas dirigentes mantienen actualmente un enfrentamiento abierto.
Durante julio de 2026, la disputa escaló dentro del Senado, con cruces entre sectores cercanos a cada una y una denuncia por amenazas presentada por un asesor de Bullrich contra una persona vinculada con Villarruel. La prensa describió entonces el vínculo entre ambas como una confrontación política de alto voltaje.
Por eso, una eventual fórmula conjunta requeriría mucho más que una decisión electoral. Implicaría una recomposición política entre dos dirigentes que actualmente compiten por espacios de poder y representación dentro del mismo universo ideológico.
¿Qué podría modificar el escenario?
El factor decisivo podría ser la necesidad de construir una oferta electoral capaz de contener a diferentes sectores de la derecha.
Si Milei consigue consolidar su liderazgo de cara a 2027, la discusión probablemente girará alrededor de quién lo acompañará. Pero si el oficialismo enfrenta una disputa interna mayor o si Villarruel decide avanzar con un proyecto propio, el mapa podría fragmentarse.
En ese escenario hipotético, una fórmula Bullrich–Villarruel podría funcionar como una alternativa de reunificación de sectores que hoy aparecen enfrentados.
El razonamiento sería sencillo: Bullrich aporta una trayectoria política previa al mileísmo y vínculos con sectores del PRO y del centro-derecha; Villarruel aporta una identidad política propia dentro del campo conservador y nacionalista.
Pero esa complementariedad potencial tiene un límite: también existe competencia entre ambas por liderazgo y representación.
La variable Milei
Hay, además, una pregunta que atraviesa toda la discusión: qué lugar ocupará Javier Milei en el armado de 2027.
El Presidente abrió públicamente la posibilidad de negociar su compañero de fórmula, pero en la mesa política oficialista también aparecen otras alternativas. LA NACION señaló en agosto que, además de Bullrich, se mencionaban nombres como Sandra Pettovello y Martín Menem.
Por lo tanto, una fórmula Bullrich–Villarruel solo podría cobrar verdadera entidad si cambia la arquitectura del oficialismo y ambas dirigentes dejan de ser consideradas exclusivamente como piezas de proyectos diferentes.
Una hipótesis, no una candidatura
La fórmula Bullrich–Villarruel, entonces, debe ser leída por ahora como una hipótesis de reordenamiento político, no como una candidatura confirmada.
Su eventual aparición dependería de varias condiciones: el futuro de Milei, la relación entre el Presidente y Villarruel, el lugar que Bullrich pretenda ocupar en 2027, la evolución del PRO y de otros sectores de la derecha y, sobre todo, la capacidad de las dos dirigentes para superar el enfrentamiento que hoy las separa.
Paradójicamente, el mismo conflicto que actualmente vuelve difícil imaginar una fórmula conjunta podría ser uno de los factores que obliguen a replantear alianzas.
En política, las fórmulas no siempre nacen de la afinidad entre sus integrantes. A veces aparecen cuando dos sectores descubren que separados compiten por el mismo electorado y juntos pueden construir una alternativa diferente.
Hoy Bullrich–Villarruel es una posibilidad remota y no un acuerdo. Pero la existencia de conversaciones sobre el futuro electoral de ambas demuestra que el escenario de 2027 todavía está lejos de estar cerrado.