Dos terremotos de gran magnitud sacudieron el norte de Sudamérica con apenas seis semanas de diferencia
Los primeros ocurrieron el 24 de junio en Venezuela, con dos sismos consecutivos de magnitud 7,2 y 7,5 que afectaron especialmente el norte del país y dejaron un saldo de más de 6300 muertos. El segundo, el 10 de agosto, golpeó ayer a Colombia con una magnitud de 7,4 y epicentro en el departamento de Chocó, causando al menos 181 víctimas fatales y daños en varias regiones. Ambos eventos generaron interrogantes en la sociedad y entre especialistas, especialmente por su proximidad temporal y geográfica.
El gobierno colombiano declaró la emergencia nacional para agilizar la asistencia y la evaluación de daños. En Venezuela, los terremotos del 24 de junio activaron dos fallas principales, la de Bocono y la de San Sebastián, con rupturas muy cercanas a la superficie. “El terremoto de Venezuela está asociado a la siguiente mecánica. La placa del Caribe, ubicada en el fondo marino de ese mar, se hunde por debajo de Venezuela. Lo hace con una dirección no dirigida hacia el sur neto, sino hacia el sur oeste, es decir, hacia Brasil. Pero el fondo del océano se mete por debajo del continente sudamericano. Y en ese proceso, uno puede imaginar a Venezuela como partida por una serie de fracturas o bloques. Esas fallas se mueven unas respecto de otras. Los terremotos de Venezuela activaron dos de esas fallas, dos de esas fracturas, la falla de Bocono y la falla de San Sebastián, que generaron sismos cercanos a la superficie, de menos de diez kilómetros”, precisó Folguera.
Y enseguida explicó qué pasó ayer en Colombia: “Es un proceso diferente. Primero, es otra placa. En vez de ser el fondo del océano Caribe, es el fondo del océano Pacífico. En el caso de Venezuela, es la placa del Caribe, que se hunde por debajo de Sudamérica. En el caso de Colombia, debajo del océano Pacífico se encuentra la placa de Nazca que se hunde hacia el oeste, por debajo de la placa Sudamericana. Y lo hace más rápido”. El Servicio Geológico Colombiano recomienda que las familias identifiquen zonas seguras en sus viviendas, establezcan rutas de evacuación y participen en simulacros. La preparación y la educación son claves en países como Colombia y Venezuela, donde la interacción de placas y fallas convierte a la región en un laboratorio natural de la dinámica terrestre.