La Iglesia avanza con la organización y a fin de agosto llegará una nueva misión del Vaticano. El viaje obligará a Milei, Jorge Macri, Kicillof y Llaryora a coordinar el operativo
La visita de León XIV a la Argentina todavía está a tres meses de distancia, pero los preparativos ya entraron en una etapa decisiva. La Iglesia terminó de montar una estructura específica para organizar el viaje, el Vaticano enviará a fines de agosto una nueva avanzada para revisar los escenarios y cerrar aspectos del itinerario y el Gobierno nacional deberá terminar de definir el dispositivo con el que coordinará un operativo que involucrará a la Ciudad de Buenos Aires y a las provincias de Buenos Aires y Córdoba.
Entre las primeras definiciones aparece un detalle que permite dimensionar la complejidad logística de la visita: habrá dos papamóviles. Toyota se ofreció a fabricarlos y donarlos y ya recibió las especificaciones técnicas de la Santa Sede. Serán vehículos abiertos, no blindados, similares a los que utiliza habitualmente León XIV para desplazarse entre los fieles. La decisión de disponer de dos unidades busca facilitar los movimientos durante un viaje que tendrá actividades a cientos de kilómetros de distancia.
El Papa permanecerá en la Argentina entre el 8 y el 11 de noviembre y visitará la Ciudad de Buenos Aires, Luján y Córdoba. En cada uno de esos lugares habrá una misa multitudinaria. En Buenos Aires, la celebración está proyectada en el Monumento de los Españoles, en Palermo; en Luján será en torno del santuario; y en Córdoba se trabaja sobre el predio de la Fábrica Argentina de Aviones (FAdeA). Son, por ahora, los tres grandes acontecimientos públicos que aparecen como puntos firmes de una agenda que todavía tiene varias actividades bajo análisis de Roma.
Javier Milei es libertario; Jorge Macri gobierna la Ciudad desde el PRO; Axel Kicillof conduce la provincia de Buenos Aires desde el peronismo; y Martín Llaryora pertenece al peronismo cordobés, distanciado de la conducción formal del PJ. Durante la visita, los cuatro deberán formar parte, en diferentes momentos y con distintas responsabilidades, de un mismo engranaje institucional. No es un dato menor.
Roma interviene hasta en los detalles. Las dimensiones de los altares, las características de los escenarios, el sonido y la infraestructura de las celebraciones deben ajustarse a especificaciones vaticanas. Sobre esos parámetros ya comenzaron a solicitarse presupuestos. No existe margen para montar libremente una escenografía: una parte de las decisiones se toma en la Argentina y otra requiere la aprobación de la Santa Sede.