El ingreso promedio se ubicó en $2.800.000 mensuales netos durante el primer trimestre de 2026. No obstante, la distribución muestra una marcada disparidad: el 78% de los hogares se encuentra por debajo de ese umbral.
Para equilibrar las cuentas, se limitan actividades como viajes, salidas y recitales, además de recortarse gastos fijos. Los llamados “gustos” y los consumos considerados no esenciales quedan relegados. En este caso, los productos con descuento dejan de ser una alternativa ocasional.
La situación se vuelve más crítica para los hogares que “tienen que hacer malabares para llegar a fin de mes”. Cualquier gasto imprevisto puede “romper la economía familiar”. Las compras se orientan casi exclusivamente hacia productos en oferta y crece la toma de deuda para “tapar baches”.
En el nivel más vulnerable, “se come menos y peor”, con casos donde se registra una reducción significativa de las comidas diarias.
Asimismo, cambia la composición de la dieta: la carne vacuna es reemplazada por pollo, las verduras por productos más económicos como la harina y la leche líquida por leche en polvo.La consultora Scentia planteó que, si la inflación mantiene su tendencia a la baja y los salarios logran recuperarse, el consumo masivo podría acompañar la evolución del PBI, aunque a la mitad de su ritmo. En ese escenario, se ubicaría en una banda de entre -1% y +1%.